Borges, mapas y espías

 


Borges, mapas y espías

Recordamos la idea de Borges sobre el mapa perfecto: una reproducción exacta de cada lugar del planeta, detallado hasta el mínimo detalle. Cuando lo leímos por primera vez, hace ya varias décadas, parecía ciencia ficción.

Era inimaginable lograr reproducir en un gráfico todo el espacio físico existente. Las dimensiones de tal gráfico exigirían tales dimensiones que no eran accesibles a ninguna tecnología de impresión existente en esos tiempos. Que además, era la única forma de disponer de mapas: imprimirlos.

Luego comenzaron a aparecer los mapas electrónicos, las reproducciones virtuales y los mapas “online”. La dificultad estaba en la recolección de los datos necesarios para elaborar ese mapa. Una tarea imposible, podríamos haber pensado, al exigir tantos exploradores especializados desplegados en el planeta que nunca alcanzaríamos a contar con ese ejército de personas. Tan sólo los ejércitos más importantes del mundo podrían acercarse, no al detalle más mínimo pero sí a las características más notables de los espacios que pudieren alguna vez convertirse en campos de batalla.

Pero -dando un salto- llegó el GPS. El sistema de posicionamiento global, desplegado por Estados Unidos al servicio de sus fuerzas armadas, requería una compleja red de satélites sincronizados a la perfección y dotados de cámaras de altísima definición, utilizadas para detectar blancos eventuales y dirigir también eventuales -o no tanto- ataques teledirigidos.

El sistema fue de altísimo secreto hasta que el presidente Clinton decidió que era hora de hacerlo público y ponerlo al alcance de la iniciativa de las personas. No tardó mucho en desarrollarse el primer servicio de GPS comercializado, que cambió la forma de conducir para siempre, aún con sus -hoy inaceptables- errores que inundaron con anécdotas diversas fallos que movían al sarcasmo. Hoy, muchos más perfectos, son una ayuda indispensable.

El GPS, sin embargo, tiene dos grandes “patas”. Una es la que viene de arriba, otra es la que va desde abajo. La alta tecnología satelital e informática requiere “asentarse” en datos físicos, los de la red de carreteras. Reproducir un mapa de las carreteras del mundo al que pudiera accederse por los usuarios no era una tarea sencilla. La iniciativa de los pioneros lo logró. El GPS se convirtió en un compañero inseparable de los conductores.

Sus primeras versiones hoy parecerían toscas antiguallas. Rígidas, estáticas, sin precisión y con datos de tierra que llevaban a veces años de atraso. Calles que habían cambiado de sentido, carreteras interrumpidas por algún desastre natural, o simplemente diseño de nuevas que no habían sido debidamente informadas, ponían a los conductores de pronto frente a imprevistos de difícil solución.

Google no se conformó con los tradicionales métodos de recopilación de información, y gastó entre 1000 y 2000 millones de dólares en el envío de sus vehículos con sofisticadas cámaras y lasers fotografiando rutas y calles de todo el planeta. El sistema, el “LIDAR”, consistía -consiste- en un sistema de cámaras y sensores que recorren los espacios públicos, son luego sistematizados y subidos a sus mapas en “Google Maps” y pueden orientar a los usuarios con la imagen real del entorno que buscan, incluso reproduciendo el desplazamiento de los vehículos con “LIDAR’s” que los obtuvieron.

Y apareció Waze. Su concepto no era complejo, pero sí su implementación. Imaginaba convertir a los usuarios en proveedores de datos. Los propios conductores que utilizaban el sistema serían los que informarían, en tiempo real, las novedades existentes en las rutas. Y los GPS de los celulares que hubieran “bajado” la aplicación, seguidos por sistemas informáticos de alta capacidad, indicarían los datos de velocidad de tráfico también en tiempo real, lo que permitía aplicar sobre ellos “inteligencia artificial” para calcular la duración de cada viaje, y de cada alternativa, a la vez que, una vez “marcado” un viaje por un usuario, realizar sobre el vehículo portante un seguimiento con actualización constante para prevenirlo de las eventuales alternativas que pudieran modificar el tiempo inicial, advertirlo sobre incidentes y aún sugerirle rutas alternativas.

Todos estos pasos fueron configurando, paso a paso, un “mapa” del mundo, al estilo borgeano. Otras empresas siguieron ese camino y proveyeron a sus mapas estáticos de la interacción que había iniciado WAZE, e incluso lo superaron: ya no era necesario bajar la aplicación, sino que el seguimiento se realizaba sobre los GPS instalados en los celulares sin necesidad de asociarse a ningún proveedor del servicio. Los nuevos sistemas de conducción automática y vehículos sin conductor -que ya circulan en varios países- los necesitan, a una velocidad de captación, transmisión y procesamiento de datos imprescindibles para una toma de decisión a velocidad en tiempo real. Las nuevas redes “5G” -y aún las experimentales “6G”- brindan esa velocidad.

Borges, Borges… no hubiera quedado conforme. Cada rincón del planeta no son sus rutas. Y he aquí que nos encontramos con el nuevo avance, ya anunciado por desarrolladores informáticos de avanzada: los mapas no se limitarán a las rutas, o a las fotos obtenidas desde satélites o drones con alta definición. Llegarán a las zonas más cerradas e íntimas donde exista presencia humana, incluso el interior de los hogares.

¿Cómo se lograría esto? Pues… avanzando en la idea de la interactividad que comenzó WAZE para los automóviles, pero extendiéndola a cada lugar, paso o situación en la que se encuentre un teléfono celular. Algo de eso ya se desarrolló con los sistemas de “detección de personas”, o incluso de “búsqueda de celulares”, sea para saber dónde está alguien que nos interesa o dónde el celular que hemos perdido o que nos han robado, o la identificación de rostro del titular del celular para habilitar su funcionamiento, que incluyen los modelos más modernos de Iphone.

Pero este nuevo paso llegará a extremos hoy inimaginables. Cada celular vendido en el mercado, equipado con sensores equiparables a “mini LIDAR’s” convertirá a cada usuario en un aportante de datos sobre los lugares más recónditos de sus vecindarios hasta su propio hogar, su dormitorio o su baño. El mundo entero estará a disposición de los interesados, en un mapa de una precisión sin precedentes sobre todo lo que exista y ocurra en el planeta.

¿Para qué serviría esto? Pues… es también inimaginable. Tanto como lo fue para Clinton imaginar hasta donde llegarían las implicancias de su decisión, cuando dispuso poner el Sistema de Posicionamiento Global al alcance de todos los ciudadanos de su país y del mundo.

Imaginemos este sistema en combo con la “realidad virtual” y con la “realidad aumentada”. Imagínelo con la confluencia de la información del “mundo espejo” con los “lentes inteligentes”, que ya están en el mercado, en plena evolución. Va caminando por una calle cualquiera, necesita comprar algo y pasa por un negocio. Con sólo mirarlo, se despliega en sus lentes la información que desee -horario de apertura, propietario, calificación de los clientes, productos que vende, antigüedad en el mercado, y la información que desee-. No tendrá que recurrir a la “molesta” tarea de sacar el celular de su bolsillo y comenzar la “exploración” en la calle. Estará directamente frente a usted. O que fija su mirada en una persona con la que se encuentra, y se despliega ante usted su nombre y datos personales, sin necesidad de preguntarle ni entablar con él conversación alguna.

¿Ciencia ficción? Pues… tanto como la tecnología de reconocimiento de rostros usada ya a pleno den los aeropuertos, centros ferroviarios, en zonas sensibles o búsquedas específicas por muchos sistemas de seguridad en el mundo. El sistema reconoce su rostro, lo vincula a sus antecedentes y en muy pocos milisegundos su vida aparece en la pantalla de quien maneja la terminal. El viejo -pero limitado- “prontuario policial” es reemplazado por un “dossier” completo de su vida, formación, familia, afectos, compras corrientes, desplazamientos, viajes, gustos, tendencia política y la infinidad de información que hoy está sólo al acceso de los Estados, empresas y grandes delincuentes, pero que inexorablemente -como el GPS- estará a disposición de todo quién quiera usarlo.

Ese es el mundo que asoma. Las cuestiones de privacidad, seguridad, confianza en el poder, resguardo de información sensible, todos estos temas que suelen quitar el sueño a muchos, deberán ser reexaminados a la luz de una tecnología invasiva pero imparable.

Niantic, la empresa que desarrolló el Pokemon Go invirtiendo 4000 millones de dólares, está trabajando en el desarrollo de un sistema como el que hemos descripto. Pero no es la única. En eso están también AMAZON, Facebook -que compró SKAPE, una firma británica especializada en la confección de mapas por computadoras- y otras grandes de la tecnología.

Seguramente no se meterán en su dormitorio… pero cuando en poco tiempo -un par de años- vea en la calle coches circulando sin conductor, recuerde: detrás de ese “milagro” existen soportes informáticos que sí lo pueden estar haciendo, simplemente utilizando su inocente teléfono para pasar al sistema central de inteligencia artificial no sólo información sobre cada rincón de su hogar, sino cada cosa que le interese de su vida, costumbres, afectos… y demás.

Eso, ni Borges lo hubiera podido imaginar.

 

                                                                                                              Ricardo Lafferriere

Fuente de divulgación: Aaron Frank, en “SingularityHub” (https://singularityhub.com/2020/12/27/how-a-software-map-of-the-entire-planet-could-change-the-world-forever/)

 


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